A mi alrededor veo que estoy en una de esas asépticas e impersonales habitaciones de hotel. No me hace falta darme la vuelta y mirar atrás para saber quién está al otro lado.
Me incorporo. Confuso. Mi miente está demasiado preocupada en reordenar mi cabeza. Busco mi ropa por el suelo. En el proceso me encuentro con la camiseta que ella llevaba puesta. Cuántas veces la habré visto llevando eso y anoche yo la rompí sin pensar.
Me visto. Me acerco a la puerta mientras me digo a mi mismo que no estoy huyendo. Me lo creo.
Por fin estoy en la puerta, y como un idiota no puedo evitar mirar hacia atrás. La luz del sol ilumina su pelo a través de las cortinas. Intenta fingir que está dormida. Su cuerpo está inmóvil, tratando de no respirar profundamente. Está llorando.
Vuelvo la puerta y respiro. Ya improvisaré algo si se atreve a llamarme hoy.
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